Muchas personas, cuando conocen las enseñanzas zen, desconfían de lo que les dicen los instructores o maestros sobre lo que deben hacer y practicar, pues sienten cierto rechazo, o peor todavía, cierta incredulidad. No entienden por qué deberían creer en lo que les dicen los maestros, por qué esas enseñanzas o instrucciones de práctica son verdaderas; lo cuestionan todo, ni siquiera están seguros de que acaso tengan algún sentido. Estas personas principiantes no creen en lo que se les dice, porque todavía son incapaces de alcanzar la misma comprensión y experiencia que tiene el maestro.
Pero existe una manera de ser más confiados, de tener la certeza de que lo que se nos dice es cierto, es real, y funciona; de que podemos confiar en esa enseñanza o en esas instrucciones.
Un tiempo de creer
Antiguamente la gente no necesitaba hacer comprobaciones sobre las instrucciones de práctica que se le daban, uno creía sin dudar en el maestro. Pero ahora, con el desarrollo de nuestro intelecto y de la ciencia, muchos necesitan comprobaciones; necesitamos comprender y entender lo que nos están pidiendo que hagamos, no solo creer en ello. Por eso, esto que te voy a decir a continuación sirve para que, si tienes dudas, desaparezcan, y comprendas y entiendas que esas enseñanzas e instrucciones que nos dan los maestros —personas que llevan años trabajando y practicando en el camino o vía del zen— son auténticas, son reales, son certezas, porque ellos las han experimentado.
Una manera de comprobarlo
La demostración es esta: existe un método para saber, con toda seguridad, que aquello que vemos y lo que no vemos es una verdad real. Son tres niveles de entendimiento de una experiencia.
El primer nivel es cuando uno ve un fuego, una hoguera encendida, y está seguro de su existencia porque la tiene delante de sus ojos: ante él está ardiendo y crepitando un fuego, entre unos troncos, que alguien encendió. Lo estamos viendo nosotros con nuestros propios ojos.
El segundo nivel de entendimiento es cuando nosotros no vemos directamente el fuego, solo vemos el humo que sube al cielo detrás de unos árboles, solo vemos una columna de humo, pero gracias a nuestra deducción, reflexionando, pensando, podemos entender que aquello es una hoguera que está ardiendo detrás de los árboles, aunque no la estemos viendo directamente.
Y el tercer nivel de entendimiento es cuando alguien que está en otro país, a muchos kilómetros de donde nosotros nos encontramos, nos dice por teléfono que delante de él tiene encendido un fuego, arde una hoguera. Él la está viendo, nosotros no la vemos porque estamos a miles de kilómetros hablando por teléfono, pero aquella persona tiene la experiencia real ante sus ojos, la está viviendo y experimentando, y nos lo cuenta a través del teléfono.
Con las enseñanzas y prácticas zen que nos dicen los maestros realizados pasa lo mismo. Ellos son personas de experiencia, y han alcanzado una sabiduría y comprensión profundas, muy superiores a las nuestras, y ven cosas que nosotros todavía no podemos llegar a ver. Y aunque por el momento no seamos capaces de ver o de tener esa misma comprensión o experiencia, si seguimos sus instrucciones, si seguimos practicando, finalmente, si todo va bien, nosotros alcanzaremos a descubrir lo que de momento nos está velado. Por eso, podemos confiar en lo que se nos dice en las instrucciones, y practicar con confianza y energía.
Confiar en los maestros
Esto que termino de decir lo podemos aplicar a cualquier faceta de la vida donde encontremos a una persona de larga experiencia y gran sabiduría. Muchas veces desconfiamos, no hacemos caso de lo que se nos dice, de los consejos que se nos dan, y de manera ignorante descartamos enseñanzas o consejos muy valiosos. Uno debería ser más humilde, y si confía en la persona que se lo está diciendo, si le merece respeto, ser capaz de creer que aquello que todavía no vemos, pero el maestro está experimentando, es una verdad que podemos seguir con total certeza.
No hace falta ver el fuego para confiar en quien ya lo ha visto.

Sobre el autor: Toni Iñiguez es escritor, autor de libros que exploran temas como la simplicidad, el silencio, y la filosofía zen. Con un enfoque cercano y profundo, busca inspirar a sus lectores a vivir con mayor claridad, calma y propósito.