Qué es el turismo lento (slow travel) y por qué cada vez más gente lo busca
Hay una película sobre Dōgen, el fundador del zen sōtō, que se titula simplemente Zen. En ella hay una escena que a mí me impresionó especialmente: un anciano monje cocinero camina de regreso hacia su monasterio después de comprar alimentos, en concreto setas, para la cocina. Estamos en la China del siglo XIII. El monje tiene unos sesenta o setenta años, va a pie, con un bastón en la mano derecha y una caja de madera con los alimentos cargada a la espalda. Un sombrero lo protege del sol.
Un paisaje enorme y un hombre sin prisa
El paisaje es extenso, inmenso, casi sin vegetación. El camino se estira kilómetros por detrás de él y kilómetros por delante. Y sin embargo el viejo monje camina sin prisa, tranquilo. Me pregunto: con tantos kilómetros por delante, ¿qué pensaría durante el trayecto? Da para pensar muchas cosas.
El propio Dōgen tuvo que viajar en su época buscando un maestro que le enseñara lo que ningún templo japonés supo darle. Distancias enormes, mucho tiempo caminando. Y ese tiempo caminando da para pensar mucho en lo que uno ve.
Matsuo Bashō y el valor del trayecto
Matsuo Bashō, en su libro Sendas de Oku, nos cuenta los viajes que hizo a pie por el norte de Japón y lo que vio en el trayecto. Aquello le dio material para escribir un libro entero y muchos de sus poemas más conocidos. En aquel tiempo, viajar era moverse a la velocidad de tus piernas. Y ese tiempo que duraba el trayecto era casi tan valioso —o más— que llegar al destino o regresar al punto de partida, porque estaba lleno de experiencias, de reflexión, de pausas para observar, de momentos lentos y a escala humana…
Hoy hemos convertido el viaje en lo mismo que vivimos
Hoy en día hemos convertido el viajar en lo mismo que vivimos diariamente: a toda velocidad, deprisa y corriendo, añadiendo más estrés a donde debería haber calma y reflexión. En las estaciones de autobuses, de tren, en los aeropuertos, hay una actividad frenética. No importa la experiencia del trayecto, el espacio hasta que llegamos al destino,: queremos subirnos cuanto antes al tubo que es el avión, desconectados de lo que hay fuera, del paisaje, del aire, de las personas. Llegar cuanto antes al hotel, para bajar después corriendo con la cámara de fotos, fotografiar todos los monumentos, y regresar corriendo al aeropuerto para volver a casa, a nuestra velocidad rutinaria.
El turismo lento: recuperar lo que ya teníamos
Pero afortunadamente, algunas personas están empezando a dejar esto atrás. El turismo lento se está poniendo de moda: viajar sin objetivo fijo, sin prisa, disfrutando del paisaje. En el fondo, es recuperar la experiencia original de los viajeros que nombraba antes. Renunciar a llegar antes a nuestro destino subidos en un avión, y preferir el tren más lento —el que nos permite observar cómo cambia el paisaje— es algo que está empezando a valorarse de nuevo.
No imagino al cocinero del principio subido en un patinete para llegar más deprisa a su monasterio.

Sobre el autor: Toni Iñiguez es escritor, autor de libros que exploran temas como la simplicidad, el silencio, y la filosofía zen. Con un enfoque cercano y profundo, busca inspirar a sus lectores a vivir con mayor claridad, calma y propósito.