El calor del verano y la aceptación

El calor no se combate, se atraviesa

Los seres humanos somos criaturas muy curiosas. En muchas ocasiones nos gusta estar en un lugar diferente de donde estamos ahora. No es capricho, ni casualidad: es el ego, que nos separa continuamente de la realidad tal y como es.

A los humanos nos cuesta aceptar la realidad de las cosas tal y como son. Los maestros zen siempre nos dijeron que: el agua moja, el sol calienta. Así de simple, y así de difícil de aceptar la mayoría de las veces por nosotros. Preferimos discutir con la realidad que tenemos delante, con lo que ya está sucediendo, como si pudiéramos negociar con el clima, con el tiempo, con la naturaleza misma de las cosas.

Cuando el ego se sorprende del verano

Por eso, muchas veces, nuestro ego se sorprende cuando en invierno hace frío. O como ahora, que es verano y hace calor. Y entonces nos quejamos, como si el calor fuera una anomalía, un error del sistema. Pero si no hace calor ahora, en agosto, ¿cuándo lo va a hacer?

En mi infancia, los veranos eran intensos. Ese calor que te envolvía por completo te recordaba la belleza de una estación donde había vacaciones, donde había tiempo libre para explorar el río y los bosques cercanos. Uno pasaba calor, sí. Pero es que en verano hace calor. No había nada que resolver ahí, nada que combatir. Solo una estación que se vivía con el cuerpo entero. Ahora en este tiempo, todo el mundo parece sorprenderse de que en agosto haga mucho calor.

Aceptar lo que llega: la lluvia, el silencio, el calor

Hoy nos cuesta aceptar que en verano hace calor, y el problema es que aplicamos esta misma resistencia a todo lo que nos rodea. Si llueve, nos molesta. Si hay silencio, ponemos música. Todo lo queremos cambiar, ajustar, corregir.

El zen nos dice que debemos aceptar las cosas como vienen, porque todo tiene su belleza y, sobre todo, todo tiene su función. Todo es necesario. La lluvia moja, y aunque a mí me moleste en el momento en que cae, al mismo tiempo está beneficiando a los campos, a las flores, a los animales, a las hortalizas que luego nos alimentarán. Por eso todo está unido. No hay nada separado. Dependemos unos de otros, aunque se nos olvida…

El agua moja y el sol calienta

Este mes de agosto, ahora, hace mucho calor. Y eso está bien. Pasaremos a través del calor, y una mañana descubriremos que se marchó, hasta el año que viene. De manera que siempre recuerdo lo que decía un viejo monje zen: «el agua moja y el sol calienta». Y eso es todo. Y eso está bien, porque es perfecto.